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martes, 23 de noviembre de 2010

Columbares. Historias de la noche oscura...


EL SECRETO

-Tu abuelo me dijo la primera vez que entramos: “De esto ni una palabra a nadie. Nos jugamos el futuro de nuestra familia. Lo has visto porque tú lo tienes que saber y ya vas teniendo la edad. A nadie le importa lo que hay aquí, sólo a nosotros y nadie más. Tu madre no sabe nada, ni tus hermanas; a las mujeres no se confían secretos, por muy buenas que sean, más tarde o temprano lo dicen, no lo pueden remediar. A tu hermano sólo debes traerlo si ves que algún día te mueres y no tienes hijos varones. Es el secreto de la familia, lo encontró el primer Cánovas que llegó aquí, y se ha mantenido así hasta hoy”.

Esto mismo es lo que te digo a tí en este momento. No te imaginabas que tan cerca de casa existía este lugar, pero ahora que lo sabes... serás quien custodie su silencio eterno.

Tienes estudios superiores, más motivo para valorar lo que vale y lo que no. No sabemos que Cánovas fue el descubridor, seguramente el bisabuelo de tu abuelo que construyó con sus manos gran parte del camino, al quitar un zarzal movió involuntariamente la piedra de la entrada. Enseguida comprendió que estas tumbas eran antiguas, muy antiguas y que las inscripciones en la piedra, así como la ausencia de cruces y señas de identidad cristianas indican varios milenios de existencia.

Fantástico, ¿a qué si?, lo que yo he podido averiguar es que estas, las pequeñas, tienen letras romanas nada menos, y en estas vasijas se encuentran las cenizas de varios centenares de cadáveres.

Ahora, acerca la linterna, ven conmigo, con cuidado con la cabeza, entramos de perfil, así... ¡te he dicho cuidado con la cabeza, joder!... mira, ¿sabes lo que son? Se llaman cistas y son las primeras sepulturas conocidas en el Sureste, las construían los hombres de la Cultura Argárica, los que inventaron por aquí la agricultura... las primeras poblaciones sedentarias, organizadas de forma compleja: más de 3.000 años como mínimo, en losas de arenisca los ricos, en tinajas los pobres, ¿respiras su silencio, su paz eterna, captas sus presencias? Te aseguro que a partir de hoy, siempre, siempre los llevarás aquí. Y si algo los amenazara, si algo hace peligrar su paz... deberás eliminarlo como se acaba con una rata, de cualquier manera. Además ellos te ayudarán... no sería la primera vez.

Ahora viene lo más importante de la visita, ven iremos más adentro... por aquí, no vuelvas a darte con el techo... mira... en esa leja... es tu abuela Pilar... aquí tu abuelo Francisco, allá el tío Enrique y su hermana, Raquel... todos, todos están aquí, Emilia, Ricardo, Isabelita, Tomás... y la última en llegar la abuela Rosario. Tienes mal color, ¿te pasa algo? Pues olvidalo. Nadie de los nuestros estará más tiempo del absolutamente necesario en el cementerio del pueblo, ¡nadie!, cuando yo muera (ojalá sea así, que sea yo el próximo, como corresponde al más viejo) tú me traerás aquí, me pones ahí, me gusta esa esquina... por el momento de sacarme del cementerio no te preocupes pues ellos te lo dirán, y cuando lo hagan no dejes pasar tres noches sin ir por mí, no es que lo quiera yo, es por ellos... cuando reclaman a alguien son poderosos, insistentes, exigentes, mucho más fuertes que nada de este mundo, y no podrás esconderte...

Tú ya eres el siguiente conocedor del secreto, el encargado del silencio y custodio de la paz eterna. Ven, pasa por aquí, un poco a la derecha tras esa reja, mira: esos son los que necesaria y absolutamente tuvieron que desaparecer. Ahí un espeleólogo o paleontólogo, no sé ahora exactamente... me solicitó permiso para mirar estratos y lo encontré en la puerta, ese es tu amigo de la infancia, ese que se perdió jugando con la pandilla, el infeliz se metió aquí... hay más pero yo no sé quiénes son... por último... has de pasar la prueba. No te canses intentando abrir la reja, no podrás... ellos te conocerán y tú a ellos... vendré dentro de veinticuatro horas, no, no hagas ruido, les molesta y no sirve de nada, tu madre te cree por Murcia, en casa de tu amiga esa que no me acuerdo como se llama...

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